viernes, 24 de octubre de 2008

Noviembre 24 de 1913

El hombre de la perspicacia política en el maderismo fue Gustavo Madero, quien al término del mandato de su hermano, en 1916, se hubiera lanzado a conquistar la Presidencia de México por los siguientes seis años, a cuyo término seguramente habría buscado la manera de reelegirse o de proyectar al poder, para eternizarse en él, a otro miembro de su nutrida familia. Francisco hubiera acabado sus días en cualquiera de sus propiedades de Coahuila y Gustavo con el poder en la mano o con un tiro en la cabeza.

El hombre fuerte, el verdadero político conocedor del medio y de las fibras de sus compatriotas fue, sin lugar a dudas, Gustavo. Él no soñaba ni idealizaba ni confiaba en la palabra de quienes lo rodeaban. Sabía que los apetitos políticos sólo se satisfacían por medio del acaparamiento de poder y que para mantenerse en él, dentro de su medio, era necesario recurrir a la mentira, al soborno, al servilismo, y al asesinato, al secuestro y a la calumnia. De ahí que conociera también a los que vivían del medio público.

Extraído de: México Negro, Francisco Martín Moreno, página 289

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