-¿Cuál premio?-inquirió amable el presidente.
-Su emancipación política. El derecho a su soberanía. no deja de sorprendereme que tengamos obligación y necesidad de pedir permiso a la Casa Blanca para aumentar unos impuestos de nuestra más clara competencia. Es una facultad nuestra, consagrada en nuestras leyes, después de años de sacrificio, revoluciones, intervenciones y destrucción. Nos la hemos ganado.
-Sí, Plutarco, la merecemos a nuestros ojos, pero no a los de los extranjeros prepotendes. En la práctica, el número de cañones, de soldados y de acorazados determina el grado de soberanía ganada por un país-exclamó Obregón dentro de un descarnado pragmatismo-. La soberanía no pasa de ser un bonito concepto teórico, útil sólo para exaltar a las multitudes en los discursos políticos, si no la puedes respaldar por la fuerza de las armas.
No hay soberanía cuando no hay cañones para defenderla. Los extranjeros políticos en función del tamaño de nuestro ejército y por extranjeros deben reconocer nuestros merecimientos políticos en función del tamaño de nuestro ejército y de nuestro poderío económico y no en función de nuestros sufrimientos por las guerras intestinas.
Extraído de: México Negro, Francisco Martín Moreno, página 444
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