viernes, 24 de octubre de 2008

Diciembre 2 de 1913

Los norteamericanos cuidan celosamente la existencia de su propia vida democrática interior y la eficiencia de sus propias instituciones. Sin embargo, fuera de su país no predican el mismo ejemplo, ya que imponen y derrocan dictadores con el único objeto de asegurarse mercados para sus productos o de garantizar a sus inversionistas la obtención de concesiones, permisos o franquicias, para explotar los recursos naturales de aquel país en el que han impedido el juego de las fuerzas políticas naturales que probablemente aportarían las mejores soluciones colectivas. Ellos quieren entenderse con su hombre en el trono, quien debe tener la habilidad suficiente para sostenerse con su apoyo, mientras las ávidas manos del imperialismo norteamericano saquean, sin pudor, lo mejor de su patrimonio.

Los yanquis imponen y sostienen en el poder a sus incondicionales locales para vender sus productos manufacturados a precios siempre ventajosos. Pobre de aquel que niegue algo a un yanqui de aquellos que celebran cada día en la iglesia el vigor de sus instituciones democráticas internas. Los he visto persignarse con el cañón de una pistola. Cuando algún país desea sacudírselos, justificadamente, he visto cómo proporcionan armamentos a ambas partes beligerantes que se destruyen una contra la otra, y apoyar ilimitadamente, en el último momento, a la que resulte más conveniente de cara a sus inversiones. De esta manera, al quedar el sector triunfante comprometido con ellos deberá someterse a una exploración indefinida y humillante de todos sus recursos.

Extraído de: México Negro, Francisco Martín Moreno, página 291

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